jueves, 28 de enero de 2010

LA ALARMA ROSA.


Estamos acostumbrados a que las autoridades utilicen los colores para alertar a la población sobre riesgos derivados de fenómenos de la naturaleza imposibles de controlar. La intensidad del color utilizado –amarillo, naranja, rojo– está en relación directa con el riesgo que se trata de prevenir: amarillo, leve; rojo, fuerte.

En el panorama político español ha surgido un nuevo color que mueve a la alarma de las autoridades, pero sobre cuyo alcance no quieren informar a los ciudadanos. Se trata de la alarma rosa; más concretamente, de la alarma rosa fuerte, que es como se denomina también al color magenta.

Les voy a dar algunos datos. No hay más que seguir a los editorialistas y contertulios varios de los medios de comunicación más afines al líder del partido que oposita para ser la alternancia al PSOE para darse cuenta de que están de los nervios. Ha cundido la alarma rosa entre las filas de ese PP que reconoce a los periodistas (siempre en privado) que están preocupados, y que están diseñando una estrategia para “quitar votos” a UPyD. Es para partirse de la risa: un partido que tuvo en las elecciones de 2008 10.169.973 votos quiere “rebañar” (el verbo utilizado es de Público, que va a lo suyo, naturalmente) votantes a un partido que tuvo 303.535 votos en esas mismas elecciones. ¿Cómo pueden representar a los ciudadanos unos personajes acomplejados ante un partido político recién nacido que no tiene más que un Diputado en Cortes? Dejar en tales manos la defensa de los intereses de los ciudadanos es, francamente, suicida.

Pero la alerta rosa también se ha encendido en la casa de los que nos gobiernan (es un decir). Éstos, como son más cucos , proyectan su preocupación de forma más subliminar. Público, por ejemplo, nos califica siempre como de antinacionalistas o nos sitúa ideológicamente a la derecha del PP; debe ser la única manera que se le ocurre de combatir las cifras crecientes de aceptación y confianza hacia nosotros que se reflejan en sus propias encuestas. Otros –entre ellos algunas televisiones de partido o la televisión de todos cuando se pone al servicio del gobierno–, deciden sencillamente ignorarnos; deben pensar que si no hablan de nosotros a lo mejor se extingue el peligro. Y desde Ferraz les confiesan a los periodistas que están altamente preocupados porque podemos ser claves en algunos de sus “feudos”; que reconocen que la milonga que se contaron a ellos mismos de que “esto” no tenía ningún futuro no se ha convertido en una de esas profecías que se cumple a sí misma. Vamos, que con UPyD –como con la crisis–han patinado en toda regla.

Ambos dos, –los que están en el campo y los que esperan pacientemente en el banquillo a que se lesionen los que están en el terreno de juego– se han puesto de acuerdo en hacer todo lo que esté en sus manos para quitarnos de en medio. Ambos me recuerdan esos personajes siniestros y egoístas que aparecen siempre en las películas sobre catástrofes naturales, esos que se niegan a reconocer la inminencia del peligro para salvar su prestigio y/o su puesto. El PP y el PSOE utilizan con nosotros la estrategia del avestruz, del cobarde, si bien lás tácticas son diversas. Por una parte nos niegan el pan y la sal; nos desacreditan; nos ignoran; nos adjetivan maliciosamente; dan pábulo a cualquiera que nos insulte o nos calumnie; sus voceros escriben ”apenados” sobre lo que somos… Pero todo lo hacen al servicio de una misma estrategia: tapar nuestra verdadera voz y/o que la gente no se entere de que existimos. PSOE y PP hacen todo lo que está en sus manos para contar versiones de nosotros… o para no contar nada. Por eso rara vez conseguimos que nuestras propuestas, nuestras iniciativas, lo que defendemos y por qué lo hacemos, lleguen sin filtro o distorsión a sus destinatarios, los ciudadanos.

Aunque sus tácticas contra nosotros difieran, PSOE y PP han llegado, casi a la vez, a la conclusión de que somos un peligro. Y, ciertamente, lo somos. Somos un peligro para todos los que quieren que en este país no cambie nada; somos un peligro para los que quieren seguir manejando la justicia y a los tribunales; somos un peligro para los que mantienen zonas de opacidad en la financiación pública porque “ahora me toca a mí pero luego te tocará a tí”; somos un peligro para los que prefieren que las Cajas de Ahorro no sean eficientes antes que despolitizar sus órganos de dirección; somos un peligro para los acomplejados que se niegan a hablar de España, para los que viven atrapados en una ridícula postura “progre” o prisioneros de sus complejos y tienen miedo de que les llamen “fachas” ; somos un peligro para los que prefieren mantener los privilegios de unos españoles frente a otros con tal de conseguir las mayorías parlamentarias en Madrid o en cualquier CCAA de España.

Sí, somos un peligro para el stablishment. Así que más vale que asuman cuanto antes que todas sus tretas para combatirnos nos hacen más fuertes: hacia dentro, y hacia fuera. Y más vale que se vayan enterando que está a la vuelta de la esquina el día en que nos van a tener que llamar para hablar en ese lenguaje al que están tan acostumbrados: “Vosotros, ¿qué queréis? ”. Más les vale que vayan prestando atención sobre lo que decimos y se lo empiecen a tomar en serio. Más que nada para que ese día no les de un soponcio…

Mientras tanto, amigos, que sepáis que la alarma rosa se ha encendido. Y no hay nadie que la pueda apagar.

Del Blog de Rosa Díez

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