martes, 17 de febrero de 2009
Chávez y el gobierno español
Educación para la ciudadanía?
Viva la democracia
Cuando quieras hablamos
10.000.000.000,00 (diez mil millones)
domingo, 15 de febrero de 2009
Quién se lleva la guinda de la SGAE


Encuentra las diferencias

Entonando un "Mea Culpa", por J.V.R.
M'acuso de no simpatitzar amb el terme poble, que tant sovint es fa servir per designar al conjunt en defensa dels interessos d'uns pocs. M'acuso de preferir el terme ciutadà. M'acuso de veure riscos en el continu recurs a la identitat col·lectiva, en la que sovint es basen els polítics per mermars els drets individuals.
M'acuso i hem declaro incapaç de veure la diferència valorativa entre nacionalisme espanyolisme -dolent- i catalanisme o basquisme -bo-. M'acuso de no entendre per què el nacionalisme espanyol és dolent, i els nacionalismes català, basc o gallec, bons.
M'acuso de continuar pensantque, en política, el que importa són els programes, les accions, la responsabilitat i que les virtuts personals, la capacitat de comunicació i la repercusió dels polítics als media han de ser secundaris.
M'acuso de pertànyer a la "caverna mesetària" per pensar que el nou Estatut català no està del tot dins la Constitució. I que hauria estat molt millor plantejar primer una reforma de la Constitució i després renovar els estatusts d'autonomia, en comptes de marejar-nos amb anys de tramitació parlamentària (primer a Barcelona, després a Madrid), per acabar votant una llei que ni es demanava ni interesava a ningú.
M'acuso de creure que la casta política esta molt més interesada en deixar de banda els problemes reals i plantejar nous conflictes, on trobar una posició combativa amb el Govern central que comporti vots amb l'única finalitat de perpetuar-se en el poder.
Confesso que vinc observant amb preocupació el canvi de tendència que passa d'administrar i legislar sobre coses a administrar i legislar sobre persones i vides personals des de l'alimentació fins a la sexualitat.
M'acuso de percebre, que es tracta amb menyspreu a l'Església Catòlica, pel simple fet de ser-ho, a la vegada que se sent un profund respecte per qualsevol altre religió, quan totes hauríen de gaudir del mateix respecte.
M'acuso de no preocupar-me continuament i de no preguntar-me cada dia si sóc prou progressista, os i he passat, ¡horrible pensament! a la categoria de conservador. M'acuso de no tractar de manera diferent a ningú pel simple fet de pensar de diferent manera. M'acuso de continuar albergant sospites sobre tot poder, tingui qui el tingui.
M'acuso en definitiva de ser un inadaptat social, polític i cultural (i no per voluntat pròpia precisament), de no acceptar l'optimisme quan les dades econòmiques són pèssimes unicament perquè el Govern és amic i tampoc llençar-me al catastrofisme més apocalíptic quan el govern es enemic.
Un poco mas sobre Rosa
Quién paga los desperfectos
Descanse en paz

El ex novio de Marta del Castillo confiesa a la policía que la mató
sábado, 14 de febrero de 2009
Todos contra el clero
Con el miedo en el cuerpo
Blanco, ese hombre
A vueltas con el catalán
La crisis y el gobierno futurologo
Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio
viernes, 13 de febrero de 2009
FINANCIACIÓN AUTONÓMICA
Nacionalistas
Top manta
Botón de muestra
jueves, 12 de febrero de 2009
El Ministro y sus brillantes ideas
EL PSOE SACA DOS DÉCIMAS AL PP EN ESTIMACIÓN DE VOTO
miércoles, 11 de febrero de 2009
La enseñanza en Cataluña sigue haciendo de las suyas
LA POLICÍA MANEJA VARIAS HIPÓTESIS
Los efectos de la crisis en España
lunes, 9 de febrero de 2009
Citas
" Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas, un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna" |
Una propuesta demagógica
Se publica en la prensa española que España ha sobrepasado la cifra de los tres millones de funcionarios.
(No voy a decir en qué medio, porque si ellos no citan los trabajos de los blogers, tampoco seré yo quien les proporcione publicidad)
Las cifras para que tengan sentido hay que relacionarlas y ese número impacta si se sabe que, por ejemplo, en Extremadura, casi uno de cada tres trabajadores es funcionario de alguna Administración.
Ser funcionario es el sueño español y así nos va. Un trabajo de por vida, sin estar sujetos a los vaivenes del mercado ni tener que pelear por los clientes o la innovación o el valor añadido de tu tarea. En un sitio donde la máxima aspiración es adocenarse en un trabajo, y en muchos casos (no todos) escurrir el bulto, el crecimiento de la economía estará a expensas de los pocos que arriesgan y crean empleo arriesgando su dinero y no el de las diferentes administraciones.
Yo no se si los funcionarios han notado que en la economía real hace mucho frío y llueve. Por eso, y apelando a su generosidad propongo una medida impopular y demagógica:
Señores funcionarios, den ejemplo, este año y quizás el próximo y el siguiente, congélense el sueldo.
Zapatero se confunde: el Estado de bienestar sí está en peligro
En verano no habrá dinero suficiente en el Inem para pagar el paro y todavía no se sabe de dónde saldrán los recursos para sufragar la Dependencia. Cada día se pierden cerca de 6.600 empleos, pero serán necesarios tres millones de cotizantes más para abonar las pensiones en 2020.
Zapatero |
M. L. Nalda / E. Morales
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha empeñado en garantizar y fortalecer el Estado de bienestar en tiempos de crisis. Insiste en que seguirá subiendo las pensiones; pagará el desempleo a un número de parados cada vez mayor; no rebajará la cuantía del subsidio, pese a la subida histórica del paro y, todo ello, con un histórica caída de la recaudación de impuestos y de las cotizaciones sociales.
Las cuentas no salen. Para mantener un Estado de bienestar como el español hace falte gente trabajando —y mucha— cuando eso es precisamente lo que falta ahora en España. Si la crisis persiste y no se realizan reformas estructurales oportunas, la protección social de la que disfrutan los ciudadanos tiene sus días contados.
A día de hoy, sólo el pago de las prestaciones de desempleo a más de dos millones de parados está comprometiendo seriamente las cuentas públicas. El presupuesto estimado no alcanza y ya en otoño de 2008 la caja del Inem estaba vacía, siendo necesaria una inyección por parte de Hacienda.
En el año que acaba de comenzar, la operación rescate inevitablemente volverá a repetirse y las aportaciones del ministerio de Solbes serán necesarias antes de que comience el segundo semestre.
Medio y largo plazo
Si la situación a corto plazo es preocupante, a medio y largo plazo —más de 10 años— la cobertura de determinadas prestaciones sociales será primero, difícil, y después, imposible.
El Estado de bienestar descansa en cuatro patas: sanidad, educación, pensiones y dependencia, más la cobertura del desempleo.
El envejecimiento de la población disparará el gasto sanitario. Los hospitales deberán atender a más pacientes; precisarán más personal y medios técnicos y encararán frentes ya abiertos como las listas de espera o la mejora asistencial, con mayor dificultad. La Dependencia también tiene un largo recorrido por delante. Se sabe lo que costará, pero no de dónde saldrá el dinero.
Pero el principal problema será el pago de las pensiones. Su reforma no se ha hecho en tiempos de bonanza y ahora resulta más complicado emprenderlas. El gasto en pensiones supera el 50% del presupuesto de la Seguridad Social y equivale al 8% del PIB nacional: más de 80.000 millones. A partir de 2020, supondrá la quinta parte de la riqueza nacional.
Desde los años 90, el pago de esta prestación se ha resuelto gracias a la progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral y a la entrada de 4,5 millones de inmigrantes en sólo una década. En 1997 sólo había 12,8 millones de cotizantes en la Seguridad Social; diez años después eran más de 19,5 millones.
Sin embargo, agotada la vía de la incorporación de la mujer al mundo laboral, cerradas las puertas del trabajo a los inmigrantes y con cada vez mayor número de jubilaciones y prejubilaciones, lo que fue una solución entonces, ahora se vuelve en contra de la sostenibilidad del sistema. En poco más de una década, estos integrantes del mercado laboral también tendrán derecho a una pensión, pero es muy dudoso que lleguen a cobrarla: hoy algo más de 5 personas cotizan para pagar una jubilación, en 15 años serán 2,5 y en dos décadas aún menos. Sólo la ampliación del mercado laboral en al menos 3 millones de personas podría garantizar el pago de las pensiones.
La causa hay que buscarla en los bajos índices de natalidad que España acusa desde los años 80. La ruptura del equilibrio demográfico supondrá que entre 2005 y 2030 la población en edad laboral caerá 3 puntos y la mayor de 65 años aumentará 2. Pero los cambios que se avecinan en la década siguiente serán mucho más pronunciados: una caída de casi 8 puntos en la proporción de población en edad laboral y un aumento de casi 6 en la mayor de 65 años, según proyecciones de la Seguridad Social.
Asimismo, el envejecimiento masivo de la población plantea un reto a la hora de mantener los objetivos marcados en la Ley de Dependencia: exigen una financiación muy costosa derivada de un sistema asistencial a largo plazo y para todas las edades. Sobre las autonomías recae el peso de su sostenibilidad; aún no funciona al 100% y ya se reclaman mas recursos para garantizar su viabilidad.
España no es un país para cobardes (Spain is not a country for cowards)
Zapatero y los suyos, conscientes de que el enriquecimiento rápido y la opulencia han convertido en cobardes a los en otros tiempos irreductibles españoles, quieren imponer un tipo de régimen contrario a la democracia, en el que la opinión de los ciudadanos carece de valor, en el que los derechos individuales ceden siempre ante los derechos del Estado, un país desigual e injusto en el que la distancia entre los rricos y los pobres se agranda cada día, dividido en dos bandos, el de los que mandan, donde están los políticos, sus aliados y esclavos mantenidos, y el de los que obedecen, donde quieren colocarnos a todos los demás..
Los grandes partidos españoles afincados en el poder, incluyendo a un PP decepcionante y cómplice de vergüenzas y abusos, quieren hacer de España un país para cobardes donde la "casta" de los que mandan pueda controlarlo todo sin temer disidencias, resistencias o rebeldías, pero olvidan lo que la Historia de España ha enseñado muchas veces (en Numancia, en las libertades ganadas a los reyes del Medioevo, en la rebelión de 1808 contra el francés, etc.) que "España no es un país para cobardes" y que, aunque sea cierto que la riqueza nos ha hecho más miedosos y conservadores, ese cambio solo podrá retardar la rebeldía contra la ignominia y la indecencia, pero nunca evitarla.
El drama de los demócratas españoles es especialmente angustioso porque sabemos que no podemos esperar la solución de una derecha que no se distingue demasiado de la izquierda. La enfermedad de España es su casta política, de una aterradora baja calidad humana, política y moral.
La conciencia de que vivimos rodeados de injusticia está avanzando imparable y el problema es que el gobierno, los partidos políticos y nuestros representantes elegidos quedan dentro del bando de los injustos. Las subidas injustificadas de sus sueldos, los coches de lujo de los políticos, la impunidad de los Albertos y otros muchos amigos del poder, la corrupción de los políticos, la mentira utilizada como método de gobierno y otros muchos desatinos y abusos están actuando como el ácido, diluyendo poco a poco el respeto por la política y la autoridad.
Hay decenas de razones que justificarían la resistencia civil: están alimentando la crisis y la postración de España con sus desaciertos y arrogancia; son incapaces de prescindir de sus lujos y privilegios, incluso cuando cada día miles de españoles se incorporan al paro y a la pobreza; han asesinado la democracia, a traición y a oscuras, convirtiéndola en una sucia oligocracia de partidos; han eliminado la separación y la independencia de los poderes básicos del Estado, sometiendo desde los partidos al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial; han comprado a gran parte de los medios de comunicación para impedir que denuncien, como es su deber, la indecencia general y la subversión de la democracia; han patrocinado desde el poder la caída de la ética y los valores; han devaluado la enseñanza en las escuelas, institutos y universidades; han dispuesto de nuestro dinero sin controles ni rendición de cuentas; suben los impuestos cuando deberían bajarlos para estimular la economía; quieren convertir al Estado en empresario, como hicieron en el pasado Lenin, Stalin, Mao, Hitler, Fidel Castro y otros fracasados manchados de sangre, perpetrando así un error que pagaremos todos con pobreza y opresión; han convertido a los partidos políticos en fortalezas inexpugnables de poder, desde las que se reparte el dinero, los favores y la arbitrariedad; trucan los concursos públicos, conviven con la corrupción y, en algunos casos, hasta la amparan; están convirtiendo a España en una cloaca y lo hacen a oscuras, desinformando y aplastando la verdad.
Recuerdo tiempos no muy lejanos en los que pagar impuestos era un orgullo para los demócratas porque, como ciudadano consciente y sensible, creías que contribuías al bienestar colectivo, dotabas al Estado de recursos y sufragabas actuaciones orientadas a eliminar el sufrimiento y las hirientes diferencias entre ricos y pobres. Pero si hoy se hiciera una encuesta seria sobre la fiscalidad en España, descubriríamos con terror que la gente paga ahora los impuestos solo porque teme ser sancionado, sin ilusión alguna, sin la más mínima fe de que los recursos que el Estado reclama sean gestionados con justicia, temiendo que sean utilizados por sátrapas sin ética en comprar coches de lujo, en cualquier tipo de despilfarro o en colocar y premiar a sus familiares, correligionarios y amigos.
Definitivamente, España no es hoy un país para cobardes (Spain is not a country for cowards)*
(*) Lo del uso del inglés es únicamente para que en el extranjero, a través de los buscadores de Internet, puedan enterarse de este grito de los angustiados españoles demócratas.
La sociedad gallega empieza a percibir que el nacionalismo envilece
La sociedad gallega no es como la vasca, donde abundan e imponen su criterio corto los montañeses nostálgicos que sueñan con una sociedad pastoril cerrada al mundo, ni tampoco es como la catalana, donde la avaricia y el egoísmo han sido utilizados por políticos nacionalistas sin escrúpulos para avanzar hacia el envilecimiento y la pobreza, también en este caso amparados por el socialismo catalán. Galicia es un pueblo abierto al mundo, con comunidades establecidas en decenas de países, un pueblo que ha sabido extraer del mar y de su cultura ancestral valiosos rasgos universales y una apertura mental que necesita comunicarse en un idioma común para prosperar y abrirse camino.
Los valores asentados en la cultura gallega van a permitirle, con toda probabilidad, rechazar el nacionalismo retrógrado que, con la complicidad de un socialismo aficionado a las cloacas, les está llevando hacia la desgracia.
A partir de los sucesos de ayer en Santiago, muchos gallegos van a descubrir la verdadera naturaleza del gobierno que tienen, integrado por gente a la que únicamente le interesa el dominio y el privilegio.
Los nacionalismos excluyentes van dejando de ser atractivos a medida que los ciudadanos abren los ojos y reflexionan. En contacto con la democracia, que es convivencia en armonía, con el pensamiento y la verdad, opciones degradadas como el nacionalismo excluyente y el socialismo despilfarrador van perdiendo fuelle y el ciudadano va asumiendo que la única opción ética y cívica de un demócrata es arrojarlos del poder, votando democracia y a gente capaz de garantizar la convivencia y el verdadero progreso.
En el pasado, esos mismos que hoy gobiernan la patria gallega intentaron protagonizar el desastre del Prestige con el Nunca Mais, pero el pueblo gallego les dio la espalda. Fueron hundiéndose ellos mismos, por méritos propios. Pero llegó el PSOE gallego, les aupó hasta el poder y les abrió la caja del dinero público. Sin el oxígeno del PSOE y el dinero de todos, el BNG estaría en las últimas, pero disponer de un presupuesto para beneficiar a los suyos les ha colocado en el mapa. La factura que han tenido que pagar consiste en hacer la vista gorda a los caprichos y despilfarros de Touriño.
El nacionalismo siempre convierte la lengua en estandarte. Las medidas para privar a los alumnos de utilizar el español e imponer una lengua gallega recién sacada del horno han causado serio deterioro en la enseñanza, lo que está provocado una protesta generalizada de los padres. Por fortuna, muchos ciudadanos de Galicia han descubierto a tiempo que el nuevo gallego que el BNG y el PSOE quieren fabricar en sus Galescolas, manipulando el cerebro virgen de los niños, es un subproducto diseñado para ser esclavo y que la ruta abierta por el nacionalismo excluyente les conduce a la miseria y a la marginación como sociedad y como pueblo.
El nacionalismo es un negocio turbio que genera aislamiento, odio, endogamia social y, a la larga, miseria.
Los viejos políticos abandonan la cosa
Cuando los humanos tenemos muchas preocupaciones al mismo tiempo, entramos en una situación de pensamiento confuso, en la que nos resulta difícil tomar decisiones, nos quedamos paralizados, y el miedo nos invade. Tratamos de lograr más información sobre lo que zahiere nuestra tranquilidad, pero con las intoxicaciones organizadas, cuanto más conocemos, menos sabemos.
La información se está convirtiendo en un arma agresiva, con la que los partidos políticos fustigan al personal, mientras siguen construyendo sus respectivas pirámides, en las que enterrarán con seguridad su historia, antes de sucumbir definitivamente.
En este juego de “enmierdar el asunto”, la crisis del Grupo Prisa (Ser, El País, Cuatro), compite con otras alternativas informativas, como La COPE, El Mundo, ABC, La Razón, Onda Cero, Antena 3, y medios de internet como Libertad Digital y Periodista Digital. Ningún medio de comunicación español se salva de la desmesura en estos tiempos.
Soy de los que piensa que hay que regresar al ser humano como sea y cuanto antes. Los materialismos, tanto el capitalista como el socialista, nos han conducido directamente al infierno. La organización del bienestar mantenido ha fallado, también por la desmesura, la codicia y la ausencia de profesionalidad en los políticos.
Por eso cuando ves a un comunista y socialista de 78 años irse del PSOE, después de haber dedicado su vida a los partidos de izquierda, habiendo ocupado todos los cargos posibles en el entramado representativo, diciendo que se va por qué hoy no hay democracia interna en el PSOE, invita a realizar una profunda reflexión. En el PP, ocurre otro tanto de lo mismo, y aunque no se ha comentado, con la marcha de María San Gil y Ortega Lara, me consta que han sido varios los exdiputados y exsenadores, que de una forma discreta y desapercibida, se han dado de baja del partido después de décadas de afiliación.
Hoy el PP y el PSOE se han convertido en auténticas empresas electorales, poco tienen que ver con la política, y los aparatos de los partidos controlan la situación con zarpa de hierro en el más puro estilo estalinista (los partidos nuevos, como Ciutadans y UPyD hacen exactamente lo mismo). El acto político de elegir a los representantes públicos se ha convertido en el acto mercantil de consumir un producto que resulte menos nocivo que sus alternativas.
Hasta los políticos auténticos que se han dedicado toda su vida a la cosa pública, nos están advirtiendo de lo que está ocurriendo con su marcha de la política. Aunque sea de una forma discreta, que pasa desapercibida ante el marasmo informativo, hay gestos honestos en los viejos políticos, que separan su nombre de las formaciones políticas que han contribuido a levantar, para desentenderse de todo lo que pueda ocurrir. Nos envían un mensaje muy claro: eso ya no es mi partido político, es otra cosa.
Se bajan del barco antes de que se hunda definitivamente, tras estrellarse contra los ciudadanos y el sentido común. No van a participar en el engaño que quieren hacer los políticos a los ciudadanos, ese es su mensaje. Otros se quedan, porque sus intereses no son la defensa de la democracia y de la libertad, sino del poder y el negocio. Ellos, los que se van, saben que la política es algo más que un espectáculo.
En este juego de “enmierdar el asunto”, la crisis del Grupo Prisa (Ser, El País, Cuatro), compite con otras alternativas informativas, como La COPE, El Mundo, ABC, La Razón, Onda Cero, Antena 3, y medios de internet como Libertad Digital y Periodista Digital. Ningún medio de comunicación español se salva de la desmesura en estos tiempos.
Soy de los que piensa que hay que regresar al ser humano como sea y cuanto antes. Los materialismos, tanto el capitalista como el socialista, nos han conducido directamente al infierno. La organización del bienestar mantenido ha fallado, también por la desmesura, la codicia y la ausencia de profesionalidad en los políticos.
Por eso cuando ves a un comunista y socialista de 78 años irse del PSOE, después de haber dedicado su vida a los partidos de izquierda, habiendo ocupado todos los cargos posibles en el entramado representativo, diciendo que se va por qué hoy no hay democracia interna en el PSOE, invita a realizar una profunda reflexión. En el PP, ocurre otro tanto de lo mismo, y aunque no se ha comentado, con la marcha de María San Gil y Ortega Lara, me consta que han sido varios los exdiputados y exsenadores, que de una forma discreta y desapercibida, se han dado de baja del partido después de décadas de afiliación.
Hoy el PP y el PSOE se han convertido en auténticas empresas electorales, poco tienen que ver con la política, y los aparatos de los partidos controlan la situación con zarpa de hierro en el más puro estilo estalinista (los partidos nuevos, como Ciutadans y UPyD hacen exactamente lo mismo). El acto político de elegir a los representantes públicos se ha convertido en el acto mercantil de consumir un producto que resulte menos nocivo que sus alternativas.
Hasta los políticos auténticos que se han dedicado toda su vida a la cosa pública, nos están advirtiendo de lo que está ocurriendo con su marcha de la política. Aunque sea de una forma discreta, que pasa desapercibida ante el marasmo informativo, hay gestos honestos en los viejos políticos, que separan su nombre de las formaciones políticas que han contribuido a levantar, para desentenderse de todo lo que pueda ocurrir. Nos envían un mensaje muy claro: eso ya no es mi partido político, es otra cosa.
Se bajan del barco antes de que se hunda definitivamente, tras estrellarse contra los ciudadanos y el sentido común. No van a participar en el engaño que quieren hacer los políticos a los ciudadanos, ese es su mensaje. Otros se quedan, porque sus intereses no son la defensa de la democracia y de la libertad, sino del poder y el negocio. Ellos, los que se van, saben que la política es algo más que un espectáculo.
Erasmo de Salinas
