sábado, 14 de febrero de 2009
A vueltas con el catalán
La crisis y el gobierno futurologo
Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio
viernes, 13 de febrero de 2009
FINANCIACIÓN AUTONÓMICA
Nacionalistas
Top manta
Botón de muestra
jueves, 12 de febrero de 2009
El Ministro y sus brillantes ideas
EL PSOE SACA DOS DÉCIMAS AL PP EN ESTIMACIÓN DE VOTO
miércoles, 11 de febrero de 2009
La enseñanza en Cataluña sigue haciendo de las suyas
LA POLICÍA MANEJA VARIAS HIPÓTESIS
Los efectos de la crisis en España
lunes, 9 de febrero de 2009
Citas
" Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas, un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna" |
Una propuesta demagógica
Se publica en la prensa española que España ha sobrepasado la cifra de los tres millones de funcionarios.
(No voy a decir en qué medio, porque si ellos no citan los trabajos de los blogers, tampoco seré yo quien les proporcione publicidad)
Las cifras para que tengan sentido hay que relacionarlas y ese número impacta si se sabe que, por ejemplo, en Extremadura, casi uno de cada tres trabajadores es funcionario de alguna Administración.
Ser funcionario es el sueño español y así nos va. Un trabajo de por vida, sin estar sujetos a los vaivenes del mercado ni tener que pelear por los clientes o la innovación o el valor añadido de tu tarea. En un sitio donde la máxima aspiración es adocenarse en un trabajo, y en muchos casos (no todos) escurrir el bulto, el crecimiento de la economía estará a expensas de los pocos que arriesgan y crean empleo arriesgando su dinero y no el de las diferentes administraciones.
Yo no se si los funcionarios han notado que en la economía real hace mucho frío y llueve. Por eso, y apelando a su generosidad propongo una medida impopular y demagógica:
Señores funcionarios, den ejemplo, este año y quizás el próximo y el siguiente, congélense el sueldo.
Zapatero se confunde: el Estado de bienestar sí está en peligro
En verano no habrá dinero suficiente en el Inem para pagar el paro y todavía no se sabe de dónde saldrán los recursos para sufragar la Dependencia. Cada día se pierden cerca de 6.600 empleos, pero serán necesarios tres millones de cotizantes más para abonar las pensiones en 2020.
Zapatero |
M. L. Nalda / E. Morales
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha empeñado en garantizar y fortalecer el Estado de bienestar en tiempos de crisis. Insiste en que seguirá subiendo las pensiones; pagará el desempleo a un número de parados cada vez mayor; no rebajará la cuantía del subsidio, pese a la subida histórica del paro y, todo ello, con un histórica caída de la recaudación de impuestos y de las cotizaciones sociales.
Las cuentas no salen. Para mantener un Estado de bienestar como el español hace falte gente trabajando —y mucha— cuando eso es precisamente lo que falta ahora en España. Si la crisis persiste y no se realizan reformas estructurales oportunas, la protección social de la que disfrutan los ciudadanos tiene sus días contados.
A día de hoy, sólo el pago de las prestaciones de desempleo a más de dos millones de parados está comprometiendo seriamente las cuentas públicas. El presupuesto estimado no alcanza y ya en otoño de 2008 la caja del Inem estaba vacía, siendo necesaria una inyección por parte de Hacienda.
En el año que acaba de comenzar, la operación rescate inevitablemente volverá a repetirse y las aportaciones del ministerio de Solbes serán necesarias antes de que comience el segundo semestre.
Medio y largo plazo
Si la situación a corto plazo es preocupante, a medio y largo plazo —más de 10 años— la cobertura de determinadas prestaciones sociales será primero, difícil, y después, imposible.
El Estado de bienestar descansa en cuatro patas: sanidad, educación, pensiones y dependencia, más la cobertura del desempleo.
El envejecimiento de la población disparará el gasto sanitario. Los hospitales deberán atender a más pacientes; precisarán más personal y medios técnicos y encararán frentes ya abiertos como las listas de espera o la mejora asistencial, con mayor dificultad. La Dependencia también tiene un largo recorrido por delante. Se sabe lo que costará, pero no de dónde saldrá el dinero.
Pero el principal problema será el pago de las pensiones. Su reforma no se ha hecho en tiempos de bonanza y ahora resulta más complicado emprenderlas. El gasto en pensiones supera el 50% del presupuesto de la Seguridad Social y equivale al 8% del PIB nacional: más de 80.000 millones. A partir de 2020, supondrá la quinta parte de la riqueza nacional.
Desde los años 90, el pago de esta prestación se ha resuelto gracias a la progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral y a la entrada de 4,5 millones de inmigrantes en sólo una década. En 1997 sólo había 12,8 millones de cotizantes en la Seguridad Social; diez años después eran más de 19,5 millones.
Sin embargo, agotada la vía de la incorporación de la mujer al mundo laboral, cerradas las puertas del trabajo a los inmigrantes y con cada vez mayor número de jubilaciones y prejubilaciones, lo que fue una solución entonces, ahora se vuelve en contra de la sostenibilidad del sistema. En poco más de una década, estos integrantes del mercado laboral también tendrán derecho a una pensión, pero es muy dudoso que lleguen a cobrarla: hoy algo más de 5 personas cotizan para pagar una jubilación, en 15 años serán 2,5 y en dos décadas aún menos. Sólo la ampliación del mercado laboral en al menos 3 millones de personas podría garantizar el pago de las pensiones.
La causa hay que buscarla en los bajos índices de natalidad que España acusa desde los años 80. La ruptura del equilibrio demográfico supondrá que entre 2005 y 2030 la población en edad laboral caerá 3 puntos y la mayor de 65 años aumentará 2. Pero los cambios que se avecinan en la década siguiente serán mucho más pronunciados: una caída de casi 8 puntos en la proporción de población en edad laboral y un aumento de casi 6 en la mayor de 65 años, según proyecciones de la Seguridad Social.
Asimismo, el envejecimiento masivo de la población plantea un reto a la hora de mantener los objetivos marcados en la Ley de Dependencia: exigen una financiación muy costosa derivada de un sistema asistencial a largo plazo y para todas las edades. Sobre las autonomías recae el peso de su sostenibilidad; aún no funciona al 100% y ya se reclaman mas recursos para garantizar su viabilidad.
España no es un país para cobardes (Spain is not a country for cowards)
Zapatero y los suyos, conscientes de que el enriquecimiento rápido y la opulencia han convertido en cobardes a los en otros tiempos irreductibles españoles, quieren imponer un tipo de régimen contrario a la democracia, en el que la opinión de los ciudadanos carece de valor, en el que los derechos individuales ceden siempre ante los derechos del Estado, un país desigual e injusto en el que la distancia entre los rricos y los pobres se agranda cada día, dividido en dos bandos, el de los que mandan, donde están los políticos, sus aliados y esclavos mantenidos, y el de los que obedecen, donde quieren colocarnos a todos los demás..
Los grandes partidos españoles afincados en el poder, incluyendo a un PP decepcionante y cómplice de vergüenzas y abusos, quieren hacer de España un país para cobardes donde la "casta" de los que mandan pueda controlarlo todo sin temer disidencias, resistencias o rebeldías, pero olvidan lo que la Historia de España ha enseñado muchas veces (en Numancia, en las libertades ganadas a los reyes del Medioevo, en la rebelión de 1808 contra el francés, etc.) que "España no es un país para cobardes" y que, aunque sea cierto que la riqueza nos ha hecho más miedosos y conservadores, ese cambio solo podrá retardar la rebeldía contra la ignominia y la indecencia, pero nunca evitarla.
El drama de los demócratas españoles es especialmente angustioso porque sabemos que no podemos esperar la solución de una derecha que no se distingue demasiado de la izquierda. La enfermedad de España es su casta política, de una aterradora baja calidad humana, política y moral.
La conciencia de que vivimos rodeados de injusticia está avanzando imparable y el problema es que el gobierno, los partidos políticos y nuestros representantes elegidos quedan dentro del bando de los injustos. Las subidas injustificadas de sus sueldos, los coches de lujo de los políticos, la impunidad de los Albertos y otros muchos amigos del poder, la corrupción de los políticos, la mentira utilizada como método de gobierno y otros muchos desatinos y abusos están actuando como el ácido, diluyendo poco a poco el respeto por la política y la autoridad.
Hay decenas de razones que justificarían la resistencia civil: están alimentando la crisis y la postración de España con sus desaciertos y arrogancia; son incapaces de prescindir de sus lujos y privilegios, incluso cuando cada día miles de españoles se incorporan al paro y a la pobreza; han asesinado la democracia, a traición y a oscuras, convirtiéndola en una sucia oligocracia de partidos; han eliminado la separación y la independencia de los poderes básicos del Estado, sometiendo desde los partidos al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial; han comprado a gran parte de los medios de comunicación para impedir que denuncien, como es su deber, la indecencia general y la subversión de la democracia; han patrocinado desde el poder la caída de la ética y los valores; han devaluado la enseñanza en las escuelas, institutos y universidades; han dispuesto de nuestro dinero sin controles ni rendición de cuentas; suben los impuestos cuando deberían bajarlos para estimular la economía; quieren convertir al Estado en empresario, como hicieron en el pasado Lenin, Stalin, Mao, Hitler, Fidel Castro y otros fracasados manchados de sangre, perpetrando así un error que pagaremos todos con pobreza y opresión; han convertido a los partidos políticos en fortalezas inexpugnables de poder, desde las que se reparte el dinero, los favores y la arbitrariedad; trucan los concursos públicos, conviven con la corrupción y, en algunos casos, hasta la amparan; están convirtiendo a España en una cloaca y lo hacen a oscuras, desinformando y aplastando la verdad.
Recuerdo tiempos no muy lejanos en los que pagar impuestos era un orgullo para los demócratas porque, como ciudadano consciente y sensible, creías que contribuías al bienestar colectivo, dotabas al Estado de recursos y sufragabas actuaciones orientadas a eliminar el sufrimiento y las hirientes diferencias entre ricos y pobres. Pero si hoy se hiciera una encuesta seria sobre la fiscalidad en España, descubriríamos con terror que la gente paga ahora los impuestos solo porque teme ser sancionado, sin ilusión alguna, sin la más mínima fe de que los recursos que el Estado reclama sean gestionados con justicia, temiendo que sean utilizados por sátrapas sin ética en comprar coches de lujo, en cualquier tipo de despilfarro o en colocar y premiar a sus familiares, correligionarios y amigos.
Definitivamente, España no es hoy un país para cobardes (Spain is not a country for cowards)*
(*) Lo del uso del inglés es únicamente para que en el extranjero, a través de los buscadores de Internet, puedan enterarse de este grito de los angustiados españoles demócratas.
La sociedad gallega empieza a percibir que el nacionalismo envilece
La sociedad gallega no es como la vasca, donde abundan e imponen su criterio corto los montañeses nostálgicos que sueñan con una sociedad pastoril cerrada al mundo, ni tampoco es como la catalana, donde la avaricia y el egoísmo han sido utilizados por políticos nacionalistas sin escrúpulos para avanzar hacia el envilecimiento y la pobreza, también en este caso amparados por el socialismo catalán. Galicia es un pueblo abierto al mundo, con comunidades establecidas en decenas de países, un pueblo que ha sabido extraer del mar y de su cultura ancestral valiosos rasgos universales y una apertura mental que necesita comunicarse en un idioma común para prosperar y abrirse camino.
Los valores asentados en la cultura gallega van a permitirle, con toda probabilidad, rechazar el nacionalismo retrógrado que, con la complicidad de un socialismo aficionado a las cloacas, les está llevando hacia la desgracia.
A partir de los sucesos de ayer en Santiago, muchos gallegos van a descubrir la verdadera naturaleza del gobierno que tienen, integrado por gente a la que únicamente le interesa el dominio y el privilegio.
Los nacionalismos excluyentes van dejando de ser atractivos a medida que los ciudadanos abren los ojos y reflexionan. En contacto con la democracia, que es convivencia en armonía, con el pensamiento y la verdad, opciones degradadas como el nacionalismo excluyente y el socialismo despilfarrador van perdiendo fuelle y el ciudadano va asumiendo que la única opción ética y cívica de un demócrata es arrojarlos del poder, votando democracia y a gente capaz de garantizar la convivencia y el verdadero progreso.
En el pasado, esos mismos que hoy gobiernan la patria gallega intentaron protagonizar el desastre del Prestige con el Nunca Mais, pero el pueblo gallego les dio la espalda. Fueron hundiéndose ellos mismos, por méritos propios. Pero llegó el PSOE gallego, les aupó hasta el poder y les abrió la caja del dinero público. Sin el oxígeno del PSOE y el dinero de todos, el BNG estaría en las últimas, pero disponer de un presupuesto para beneficiar a los suyos les ha colocado en el mapa. La factura que han tenido que pagar consiste en hacer la vista gorda a los caprichos y despilfarros de Touriño.
El nacionalismo siempre convierte la lengua en estandarte. Las medidas para privar a los alumnos de utilizar el español e imponer una lengua gallega recién sacada del horno han causado serio deterioro en la enseñanza, lo que está provocado una protesta generalizada de los padres. Por fortuna, muchos ciudadanos de Galicia han descubierto a tiempo que el nuevo gallego que el BNG y el PSOE quieren fabricar en sus Galescolas, manipulando el cerebro virgen de los niños, es un subproducto diseñado para ser esclavo y que la ruta abierta por el nacionalismo excluyente les conduce a la miseria y a la marginación como sociedad y como pueblo.
El nacionalismo es un negocio turbio que genera aislamiento, odio, endogamia social y, a la larga, miseria.
Los viejos políticos abandonan la cosa
Cuando los humanos tenemos muchas preocupaciones al mismo tiempo, entramos en una situación de pensamiento confuso, en la que nos resulta difícil tomar decisiones, nos quedamos paralizados, y el miedo nos invade. Tratamos de lograr más información sobre lo que zahiere nuestra tranquilidad, pero con las intoxicaciones organizadas, cuanto más conocemos, menos sabemos.
La información se está convirtiendo en un arma agresiva, con la que los partidos políticos fustigan al personal, mientras siguen construyendo sus respectivas pirámides, en las que enterrarán con seguridad su historia, antes de sucumbir definitivamente.
En este juego de “enmierdar el asunto”, la crisis del Grupo Prisa (Ser, El País, Cuatro), compite con otras alternativas informativas, como La COPE, El Mundo, ABC, La Razón, Onda Cero, Antena 3, y medios de internet como Libertad Digital y Periodista Digital. Ningún medio de comunicación español se salva de la desmesura en estos tiempos.
Soy de los que piensa que hay que regresar al ser humano como sea y cuanto antes. Los materialismos, tanto el capitalista como el socialista, nos han conducido directamente al infierno. La organización del bienestar mantenido ha fallado, también por la desmesura, la codicia y la ausencia de profesionalidad en los políticos.
Por eso cuando ves a un comunista y socialista de 78 años irse del PSOE, después de haber dedicado su vida a los partidos de izquierda, habiendo ocupado todos los cargos posibles en el entramado representativo, diciendo que se va por qué hoy no hay democracia interna en el PSOE, invita a realizar una profunda reflexión. En el PP, ocurre otro tanto de lo mismo, y aunque no se ha comentado, con la marcha de María San Gil y Ortega Lara, me consta que han sido varios los exdiputados y exsenadores, que de una forma discreta y desapercibida, se han dado de baja del partido después de décadas de afiliación.
Hoy el PP y el PSOE se han convertido en auténticas empresas electorales, poco tienen que ver con la política, y los aparatos de los partidos controlan la situación con zarpa de hierro en el más puro estilo estalinista (los partidos nuevos, como Ciutadans y UPyD hacen exactamente lo mismo). El acto político de elegir a los representantes públicos se ha convertido en el acto mercantil de consumir un producto que resulte menos nocivo que sus alternativas.
Hasta los políticos auténticos que se han dedicado toda su vida a la cosa pública, nos están advirtiendo de lo que está ocurriendo con su marcha de la política. Aunque sea de una forma discreta, que pasa desapercibida ante el marasmo informativo, hay gestos honestos en los viejos políticos, que separan su nombre de las formaciones políticas que han contribuido a levantar, para desentenderse de todo lo que pueda ocurrir. Nos envían un mensaje muy claro: eso ya no es mi partido político, es otra cosa.
Se bajan del barco antes de que se hunda definitivamente, tras estrellarse contra los ciudadanos y el sentido común. No van a participar en el engaño que quieren hacer los políticos a los ciudadanos, ese es su mensaje. Otros se quedan, porque sus intereses no son la defensa de la democracia y de la libertad, sino del poder y el negocio. Ellos, los que se van, saben que la política es algo más que un espectáculo.
En este juego de “enmierdar el asunto”, la crisis del Grupo Prisa (Ser, El País, Cuatro), compite con otras alternativas informativas, como La COPE, El Mundo, ABC, La Razón, Onda Cero, Antena 3, y medios de internet como Libertad Digital y Periodista Digital. Ningún medio de comunicación español se salva de la desmesura en estos tiempos.
Soy de los que piensa que hay que regresar al ser humano como sea y cuanto antes. Los materialismos, tanto el capitalista como el socialista, nos han conducido directamente al infierno. La organización del bienestar mantenido ha fallado, también por la desmesura, la codicia y la ausencia de profesionalidad en los políticos.
Por eso cuando ves a un comunista y socialista de 78 años irse del PSOE, después de haber dedicado su vida a los partidos de izquierda, habiendo ocupado todos los cargos posibles en el entramado representativo, diciendo que se va por qué hoy no hay democracia interna en el PSOE, invita a realizar una profunda reflexión. En el PP, ocurre otro tanto de lo mismo, y aunque no se ha comentado, con la marcha de María San Gil y Ortega Lara, me consta que han sido varios los exdiputados y exsenadores, que de una forma discreta y desapercibida, se han dado de baja del partido después de décadas de afiliación.
Hoy el PP y el PSOE se han convertido en auténticas empresas electorales, poco tienen que ver con la política, y los aparatos de los partidos controlan la situación con zarpa de hierro en el más puro estilo estalinista (los partidos nuevos, como Ciutadans y UPyD hacen exactamente lo mismo). El acto político de elegir a los representantes públicos se ha convertido en el acto mercantil de consumir un producto que resulte menos nocivo que sus alternativas.
Hasta los políticos auténticos que se han dedicado toda su vida a la cosa pública, nos están advirtiendo de lo que está ocurriendo con su marcha de la política. Aunque sea de una forma discreta, que pasa desapercibida ante el marasmo informativo, hay gestos honestos en los viejos políticos, que separan su nombre de las formaciones políticas que han contribuido a levantar, para desentenderse de todo lo que pueda ocurrir. Nos envían un mensaje muy claro: eso ya no es mi partido político, es otra cosa.
Se bajan del barco antes de que se hunda definitivamente, tras estrellarse contra los ciudadanos y el sentido común. No van a participar en el engaño que quieren hacer los políticos a los ciudadanos, ese es su mensaje. Otros se quedan, porque sus intereses no son la defensa de la democracia y de la libertad, sino del poder y el negocio. Ellos, los que se van, saben que la política es algo más que un espectáculo.
Erasmo de Salinas
Hacia el choque de civilizaciones
Les dejo el artículo de brétema y a continuación mi respuesta
A algunos ya hace bastantes años que nos resulta evidente que con el nacionalismo étnico los españoles hemos cometido un error: pensamos en los momentos iniciales de la transición que concederles autogobierno, competencias, cultura y educación les haría sentirse cómodos en España, y nos hemos equivocado. Nos hemos equivocado porque el nacionalismo étnico no es un nacionalismo cívico, que pueda respetar a su pueblo, un pueblo mixto en el que la identidad es compleja y dual. Los etnonacionalistas son fundamentalistas de la identidad, y por tanto quieren imponer los rasgos de una etnia incontaminada imaginaria sobre todo el territorio que consideran propio, como Euskalerría o Els Paisos Catalans. Y este delirio les lleva a no renunciar al ideal de la patria absoluta más que coyuntural y tácticamente, pero buscando la realización completa de su imagen soñada en un proceso que consideran orientado a ese objetivo final.
Para ello necesitan disponer de un Estado y soberanía, por lo que la pertenencia a España, el sometimiento a sus intereses generales y a sus leyes, constitucionales u ordinarias, lo harán siempre que no tengan más remedio, pero a regañadientes y preparándose para dar el próximo paso cuanto antes.
Por eso el pacto fundacional de la democracia española del 78 ha fracasado: nunca se sentirán cómodos en el marco de un Estado que no sea el propio, porque eso supondría pactar la renuncia parcial y definitiva a su religión política, para acomodar a otras etnias y rasgos extraños en el territorio del que se consideran propietarios. Nunca se sentirán cómodos en el pluralismo, y eso es lo máximo que les puede ofrecer una España que no puede renunciar a su pluralidad.
Los etnonacionalistas son tan fundamentalistas como los islámicos, que después de haber invadido medio Mundo consideran que los territorios ocupados están consagrados al Islam, y no pueden ser ocupados por infieles, por lo que siempre estarán en guerra para recuperarlos ---el caso de Al Andalus, por ejemplo--- o expandir su religión a todo el Mundo. Por eso, con unos y otros, no es posible el pacto, sino el establecimiento de límites, el levantamiento de muros de libertad que ellos sepan y sientan que nunca podrán traspasar. Pero para hacer esto, que es inevitable e inaplazable si se quiere que la libertad sobreviva, es vital tener claro que se han de acabar los pasos atrás, y que incluso es necesario recuperar terreno ya perdido. Por ejemplo, en España, es vital el control de la enseñanza de la religión islámica, o el control del sistema educativo en los territorios etnonacionalistas, porque nunca se acabará su búsqueda de la sacralidad y el absoluto definidos por la religión, que al ser fundamentalista es siempre política: su objetivo es conseguir un poder que pueda imponer su etnia ---vasca, o catalana, o aria--, o su religión islámica a los que de momento son distintos. Y en la realización de ese objetivo arrasarán con la libertad, con la Nación española, con la Constitución y con el Estado.
Por eso, frente a ellos, es preciso ser conscientes de que la defensa de la libertad con firmeza es irrenunciable, y que la única Nación y el único nacionalismo que encajan en la libertad y la democracia son el nacionalismo cívico español y la Nación española basada en el reconocimiento de la pluralidad y la libertad de todos. Pero reconocimiento sólo hasta el punto en que el equilibrio de la pluralidad no se rompa; sólo hasta el punto en que algún grupo intente imponer su ganga tóxica a los demás. A partir de ese punto está el Muro de la mayoría, y el que intente romperlo o sobrepasarlo incurrirá en ilegitimidad e ilegalidad, con la consiguiente represión democrática.
Y esta actitud de base implica cambiar el pacto fundacional de la democracia del 78, que se basaba en que era posible el acuerdo: porque lo que hay frente a la democracia española es un nacionalismo étnico, basado en la imposición y la defensa táctica de la pluralidad de puertas afuera, para imponer estratégicamente la homogeneidad de puertas adentro, una vez que se cruzan las fronteras del Ebro, Alava o el Bierzo. El error fundacional de la democracia española actual es pensar que estábamos tratando con un nacionalismo cívico, que defendía la libertad, cuando lo que defiende es la imposición y la homogeneización.
Y esa Historia se ha acabado: no queda más remedio que el gran Pacto de Estado de los españoles, que somos la mayoría, contra los que quieren destruir la España de la libertad y el pluralismo, la España de la unidad desde la pluralidad. Es preciso el pacto de la gran mayoría que asuma un nacionalismo cívico, en el que España sea reconocida como la Patria de todos, irrenunciable, frente a las minorías delirantes y fundamentalistas.
Si ese Pacto de Estado no se activa de una vez, ya podemos despedirnos de la democracia, de Europa y del progreso: iremos para atrás, como ya estamos empezando a ir, a velocidad crecientemente acelerada. En lugar de un Muro para defender la libertad, ya dispondremos de unos Pirineos que nos separen de Europa de nuevo, que separen las taifas tribales de la libertad del Mundo avanzado.
Respuesta de Erasmo
HACIA EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES
Brétema, el progreso y el nacionalismo étnico compadrean perfectamente, y despotrican contra la nación clásica, histórica, establecida, constitucional, porque sus intereses son convergentes, y la nación es la única institución que les puede hacer frente, tras su apropiación del Estado.
El progreso es desarrollo material, científico, institucional, técnico, y su urdimbre es el concepto de civilización de origen francés, su consecuencia inevitable "la cultura de masas" -telebasura, consumo futbolero, negación del arte, de la cultura, de la educación independiente, relativismo, postmodernidad, pensamiento blando-. La civilización, ya no es cultura en el sentido alemán de sublimación, ni en el inglés de ecuanimidad, es, sencillamente, la toma del poder por los "civilizados incultos" que buscan cambiar el escenario de poder, de la verdad racional y contrastada, a la verdad democrática incontrastable, la de la mayoría: si una multitud ve un cerdo volando, los cerdos voladores existen.
Por otra parte, la etnicidad tiene varios frentes, la cultura de las "naciones sin Estado", la cultura de las naciones étnicas a las que de poco ha servido el Estado, ni la democracia (como las sudamericanas), y por otra parte, se adhiere antes a los programas de las naciones de otras civilizaciones (árabes, asiática, africanas...) que abjuran de la democracia, que a la que pertenecen. Es un frente común, bien trazado, contra la hegemonía occidental de valores y principios, de costumbres y tradiciones, que nos han traído hasta aquí, es una reacción contra el establishment económico-político.
Bretema, estamos viviendo la segunda edición de la Revolución Francesa a escala global, pronto llegará el terror si Obama no lo impide, QUE LO IMPEDIRÁ. Zapatero, es uno de los principales cabecillas de la revuelta, que no dudará en instalarnos en el régimen del TERROR con tal de salirse con la suya; estamos viviendo los prolegómenos de la Revolución Cultural China o la del Kmer Rojo, o el puro estalinismo soviético, que en esta ocasión, y de una forma discreta, va apartando a los mejores, a los que se esfuerzan, a los que realmente luchan, a los herederos de los que han logrado que la humanidad haya llegado hasta aquí, para sustituirlos por cualquiera que les venere, que les apoye, que comparta su cosmovisión delirante.
El progreso nos ha conducido a la tiranía laica, no hay dios, pero hay tiranía democrática contra todos los valores incrustados en la civilización occidental; es la lucha contra la globalización, contra el sistema de mercado, contra la democracia, contra la ley, el Estado de Derecho, la autoridad racional, el orden establecido a lo largo de siglos. La crisis es el primer ataque masivo contra la civilización occidental, no es la consecuencia del fracaso de la democracia, el capitalismo, y los valores occidentales, es la usurpación de los mismos por los políticos para acabar con lo que somos e implantar un nuevo modelo retrógrado, regresivo, caótico, y tiránico, desde el poder que ha sido controlado por los destructores, organizados contra el capitalismo y la democracia, en numerosos canales que van desde el cambio climático hasta la alianza de civilizaciones.
Nos llevan a la nada directamente, para modelarnos posteriormente al servicio de sus intereses. Sólo reunidos bajo el pabellón de la libertad podremos salvarnos de los opresores.
SE ACABÓ LA HISTORIA, CON EL NACIONALISMO ETNICO ES IMPOSIBLE EL PACTO (por Brétema)
A algunos ya hace bastantes años que nos resulta evidente que con el nacionalismo étnico los españoles hemos cometido un error: pensamos en los momentos iniciales de la transición que concederles autogobierno, competencias, cultura y educación les haría sentirse cómodos en España, y nos hemos equivocado. Nos hemos equivocado porque el nacionalismo étnico no es un nacionalismo cívico, que pueda respetar a su pueblo, un pueblo mixto en el que la identidad es compleja y dual. Los etnonacionalistas son fundamentalistas de la identidad, y por tanto quieren imponer los rasgos de una etnia incontaminada imaginaria sobre todo el territorio que consideran propio, como Euskalerría o Els Paisos Catalans. Y este delirio les lleva a no renunciar al ideal de la patria absoluta más que coyuntural y tácticamente, pero buscando la realización completa de su imagen soñada en un proceso que consideran orientado a ese objetivo final.
Para ello necesitan disponer de un Estado y soberanía, por lo que la pertenencia a España, el sometimiento a sus intereses generales y a sus leyes, constitucionales u ordinarias, lo harán siempre que no tengan más remedio, pero a regañadientes y preparándose para dar el próximo paso cuanto antes.
Por eso el pacto fundacional de la democracia española del 78 ha fracasado: nunca se sentirán cómodos en el marco de un Estado que no sea el propio, porque eso supondría pactar la renuncia parcial y definitiva a su religión política, para acomodar a otras etnias y rasgos extraños en el territorio del que se consideran propietarios. Nunca se sentirán cómodos en el pluralismo, y eso es lo máximo que les puede ofrecer una España que no puede renunciar a su pluralidad.
Los etnonacionalistas son tan fundamentalistas como los islámicos, que después de haber invadido medio Mundo consideran que los territorios ocupados están consagrados al Islam, y no pueden ser ocupados por infieles, por lo que siempre estarán en guerra para recuperarlos ---el caso de Al Andalus, por ejemplo--- o expandir su religión a todo el Mundo. Por eso, con unos y otros, no es posible el pacto, sino el establecimiento de límites, el levantamiento de muros de libertad que ellos sepan y sientan que nunca podrán traspasar. Pero para hacer esto, que es inevitable e inaplazable si se quiere que la libertad sobreviva, es vital tener claro que se han de acabar los pasos atrás, y que incluso es necesario recuperar terreno ya perdido. Por ejemplo, en España, es vital el control de la enseñanza de la religión islámica, o el control del sistema educativo en los territorios etnonacionalistas, porque nunca se acabará su búsqueda de la sacralidad y el absoluto definidos por la religión, que al ser fundamentalista es siempre política: su objetivo es conseguir un poder que pueda imponer su etnia ---vasca, o catalana, o aria--, o su religión islámica a los que de momento son distintos. Y en la realización de ese objetivo arrasarán con la libertad, con la Nación española, con la Constitución y con el Estado.
Por eso, frente a ellos, es preciso ser conscientes de que la defensa de la libertad con firmeza es irrenunciable, y que la única Nación y el único nacionalismo que encajan en la libertad y la democracia son el nacionalismo cívico español y la Nación española basada en el reconocimiento de la pluralidad y la libertad de todos. Pero reconocimiento sólo hasta el punto en que el equilibrio de la pluralidad no se rompa; sólo hasta el punto en que algún grupo intente imponer su ganga tóxica a los demás. A partir de ese punto está el Muro de la mayoría, y el que intente romperlo o sobrepasarlo incurrirá en ilegitimidad e ilegalidad, con la consiguiente represión democrática.
Y esta actitud de base implica cambiar el pacto fundacional de la democracia del 78, que se basaba en que era posible el acuerdo: porque lo que hay frente a la democracia española es un nacionalismo étnico, basado en la imposición y la defensa táctica de la pluralidad de puertas afuera, para imponer estratégicamente la homogeneidad de puertas adentro, una vez que se cruzan las fronteras del Ebro, Alava o el Bierzo. El error fundacional de la democracia española actual es pensar que estábamos tratando con un nacionalismo cívico, que defendía la libertad, cuando lo que defiende es la imposición y la homogeneización.
Y esa Historia se ha acabado: no queda más remedio que el gran Pacto de Estado de los españoles, que somos la mayoría, contra los que quieren destruir la España de la libertad y el pluralismo, la España de la unidad desde la pluralidad. Es preciso el pacto de la gran mayoría que asuma un nacionalismo cívico, en el que España sea reconocida como la Patria de todos, irrenunciable, frente a las minorías delirantes y fundamentalistas.
Si ese Pacto de Estado no se activa de una vez, ya podemos despedirnos de la democracia, de Europa y del progreso: iremos para atrás, como ya estamos empezando a ir, a velocidad crecientemente acelerada. En lugar de un Muro para defender la libertad, ya dispondremos de unos Pirineos que nos separen de Europa de nuevo, que separen las taifas tribales de la libertad del Mundo avanzado.
Respuesta de Erasmo
HACIA EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES
Brétema, el progreso y el nacionalismo étnico compadrean perfectamente, y despotrican contra la nación clásica, histórica, establecida, constitucional, porque sus intereses son convergentes, y la nación es la única institución que les puede hacer frente, tras su apropiación del Estado.
El progreso es desarrollo material, científico, institucional, técnico, y su urdimbre es el concepto de civilización de origen francés, su consecuencia inevitable "la cultura de masas" -telebasura, consumo futbolero, negación del arte, de la cultura, de la educación independiente, relativismo, postmodernidad, pensamiento blando-. La civilización, ya no es cultura en el sentido alemán de sublimación, ni en el inglés de ecuanimidad, es, sencillamente, la toma del poder por los "civilizados incultos" que buscan cambiar el escenario de poder, de la verdad racional y contrastada, a la verdad democrática incontrastable, la de la mayoría: si una multitud ve un cerdo volando, los cerdos voladores existen.
Por otra parte, la etnicidad tiene varios frentes, la cultura de las "naciones sin Estado", la cultura de las naciones étnicas a las que de poco ha servido el Estado, ni la democracia (como las sudamericanas), y por otra parte, se adhiere antes a los programas de las naciones de otras civilizaciones (árabes, asiática, africanas...) que abjuran de la democracia, que a la que pertenecen. Es un frente común, bien trazado, contra la hegemonía occidental de valores y principios, de costumbres y tradiciones, que nos han traído hasta aquí, es una reacción contra el establishment económico-político.
Bretema, estamos viviendo la segunda edición de la Revolución Francesa a escala global, pronto llegará el terror si Obama no lo impide, QUE LO IMPEDIRÁ. Zapatero, es uno de los principales cabecillas de la revuelta, que no dudará en instalarnos en el régimen del TERROR con tal de salirse con la suya; estamos viviendo los prolegómenos de la Revolución Cultural China o la del Kmer Rojo, o el puro estalinismo soviético, que en esta ocasión, y de una forma discreta, va apartando a los mejores, a los que se esfuerzan, a los que realmente luchan, a los herederos de los que han logrado que la humanidad haya llegado hasta aquí, para sustituirlos por cualquiera que les venere, que les apoye, que comparta su cosmovisión delirante.
El progreso nos ha conducido a la tiranía laica, no hay dios, pero hay tiranía democrática contra todos los valores incrustados en la civilización occidental; es la lucha contra la globalización, contra el sistema de mercado, contra la democracia, contra la ley, el Estado de Derecho, la autoridad racional, el orden establecido a lo largo de siglos. La crisis es el primer ataque masivo contra la civilización occidental, no es la consecuencia del fracaso de la democracia, el capitalismo, y los valores occidentales, es la usurpación de los mismos por los políticos para acabar con lo que somos e implantar un nuevo modelo retrógrado, regresivo, caótico, y tiránico, desde el poder que ha sido controlado por los destructores, organizados contra el capitalismo y la democracia, en numerosos canales que van desde el cambio climático hasta la alianza de civilizaciones.
Nos llevan a la nada directamente, para modelarnos posteriormente al servicio de sus intereses. Sólo reunidos bajo el pabellón de la libertad podremos salvarnos de los opresores.
La corrosión
Durante treinta años hemos trabajado con denuedo para construir un país mediocre. Hoy no deberíamos quejarnos de una clase política y dirigente sin talento, sin imaginación, sin voluntad. No son más que el resultado de una sociedad que arrancó de cuajo el mérito desde casi su origen mismo. Soñábamos que al desaparecer el franquismo caería con él aquello que entonces llamábamos el enchufe, el nepotismo institucionalizado de un régimen de buenos y malos. ¡Qué fácil era residenciar en Franco todas nuestras miserias! No fue sino morirse y comenzamos una frenética carrera para legalizar y multiplicar exponencialmente ese mismo nepotismo, una generalizada corrupción en la promoción social que hoy ha estallado dejándonos inermes, incapaces de reaccionar ante una crisis que creemos ajena cuando no es sino nuestra propia crisis como nación.
Partidos, sindicatos y todo tipo de corporaciones se lanzaron a saco sobre el Estado, la universidad, la enseñanza media, la escuela primaria, la judicatura, la polícía, la medicina… todo fue penetrado, prostituido, pervertido por una mezcla de igualitarismo y revancha que confundió, interesadamente, la democracia con una tiranía de los peores. Esa es la sustancia misma de la izquierda, la ocupación del Estado y la sociedad como feudos debidos, la eliminación de toda aristocracia de la inteligencia que pueda poner en peligro su predominio o no sirva a su pesebre. Acompañada gentilmente por una derecha que, para purgarse, aprendió a ceder desde el principio, a vivir acomplejada a la sombra de un PSOE y unos sindicatos que la toleraron como ayuda de cámara, como fámula ilegítima.
Ese nepotismo larvado, el sectarismo como método de acceso a los puestos públicos, lo dirigió todo. Fue un veneno, una forma de corrosión del nervio democrático de una nación de caudillos que no había aprendido que la democracia es justamente lo contrario, no lo que hacen de nosotros, sino lo que cada uno hacemos, lo que construimos cada día, y que cada cesión, cada vileza soterrada, cada pequeño delito invisible, sumado a otros millones, van edificando monumentos de ceniza a los que basta con soplar para que caigan.
Hoy asistimos a nuestro desmoronamiento, al agotamiento de los años felices en los que todo el mundo se arrojó sobre el botín, y nos preguntamos qué ha pasado, en lugar de preguntarnos qué hemos hecho.Por eso tenemos al frente a un gobierno de tontascos (y tontascas), de escapistas, de selectas de cuota, con el mayor de todos presidiendo, para que no nos digan la verdad, para que nos consuelen con milongas y tangos mientras llega el ‘corralito’.
Hace unos días se supo que el Ayuntamiento de Los Alcázares, faro y emblema del social-golfismo, ha convocado una plaza de jefe de policía en cuyo baremo de méritos –qué sarcasmo- un cursillo de informática vale cinco puntos y un doctorado 0’10. En un país decente sería un delito, un escándalo que llevaría a la alcaldesa-títere a su casa. Pero en España es lógico que un ‘cursillillo’ valga ¡cincuenta veces más! que siete años de estudios y la redacción de una tesis doctoral. ¿Por qué pasan estas cosas? Pues por una razón muy comprensible y humana: porque la plaza ya está dada, y el que va a pillar no tiene el doctorado pero sí el cursillo.
En las diecisiete naciones los militantes del PSOE o de los partidos nacionalistas se hicieron así funcionarios en masa. Convocaban sus plazas, previamente ocupadas por ellos mismos, en procesos selectivos en los que los requisitos coincidían, curiosamente, con quienes ya las desempeñaban. En la enseñanza de todos los niveles, la funcionarización de los llamados ‘penenes’ se constituyó en norma. Fue entonces cuando la universidad española inició el camino hacia su desaparición como élite del saber que Bolonia culmina: la LRU y la LAU la convirtieron en un coto de endogamia y cooptación, un predio familiar y partidista donde el enchufismo no es que funcione, es que es la ley. Se hacen titulares y catedráticos a sí mismos con una desvergüenza que convierte en relato casi infantil la “Escuela de Mandarines” de Miguel Espinosa en su lectura literal, aunque como metáfora del poder y la indecencia haya de ser una obra eterna. Trabajan dos meses al año disfrazados de cuatrimestre, mientras las clases las dan profesores asociados y contratados con sueldos de miseria. En fin, es la única institución del Estado, pagada con dinero público, que carece de cualquier control externo. El único poder que habita el aire. Ni una sola de las universidades españolas está entre las cien primeras del mundo.
Por su parte, las enseñanzas media y básica, unificadas por el arribismo y la dictadura sindical que también ahora culmina Bolonia, han sido laminadas por oposiciones que, recurrentemente, no eran más que regularizaciones masivas de profesores interinos ajenas a cualquier principio de mérito hasta rozar la obscenidad. ¿O no era obsceno que opositores con un diez quedaran sin un trabajo que se concedía a quien ni siquiera era capaz de aprobar un examen de su materia?
Hoy la desfachatez alcanza cotas inimaginables, y ahí la izquierda de la tabla rasa ha encontrado a una derecha siempre dispuesta a hacer lo que le marcan los sindicatos, principales protagonistas de tanta desfachatez. La misma Comunidad Autónoma de la Región de Murcia que ha denunciado, con toda justicia, la sórdida convocatoria del Ayuntamiento socialista de Los Alcázares, es la que en las últimas convocatorias de oposiciones de enseñanza media (y este año ya lo han anunciado así para los maestros de primaria), ha implantado, siguiendo las directrices social-sindicalistas, un sistema por el que los interinos ya ni siquiera tienen que presentarse ante el tribunal: ¡les mandan un informe firmado por el jefe de departamento con el que han trabajado! Los desvergonzados métodos de ‘selección’ universitaria –donde ya no hay exámenes ni oposiciones, pues en la mayor parte de los casos sólo se presenta el candidato oficial a un indecoroso paripé- se han extendido para generalizar la muerte definitiva de cualquier atisbo de mérito.
Apliquen esto -aunque seguramente todos lo conocen, todos han mirado para otro lado en alguna ocasión, casi todo el mundo tiene ya vergüenzas en armarios que prefieren no abrir- a la sanidad, con las también masivas regularizaciones de médicos; o a los procesos digitales con que se hizo jueces a ‘prefesionales de reconocido prestigio’ y estupendas relaciones políticas; los ascensos y descensos en la policía, en las Fuerzas Armadas socialistas, las concesiones televisivas, las subvenciones para artistas y cineastas para pagar acciones de propaganda, y así está el cine… hasta el agua se distribuye por adhesión partidaria. Vivimos, en fin, en una inmensa Logse de torpes promocionados, un principio de Peternacional y, especialmente, autonómico, donde los nacionalistas en su predios están alcanzando auténticas cotas de gloria en cuanto a nepotismo, indigencia intelectual y derroche sectario.
Y, ante la crisis, todavía nos preguntamos por qué estamos en manos de una panda de capullos exclusivamente preocupada de perpetuarse en el poder y salvar su culo, y que no tiene ni zorra idea de cómo salir de esto. ¡Ah!, queridos conciudadanos: esa panda de capullos la hemos criado nosotros. Son nuestros capullos.
Rosa Díez condena el atentado de ETA
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Aragón, cómo me duele el alma.
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